Crítica de discos: Peepshow – Cómo hacer una bomba atómica (Epsilide Records 2018)


 

Tuvimos la enorme fortuna de que los chicos de Peepshow y Epsilide Records nos hicieron llegar una copia de su último disco “Cómo hacer una bomba atómica” (Polar Records – Epsilide Records 2018), un puñetazo sobre la mesa de estos curtidos en mil batallas músicos que dedican mimo y esmero en cada paso que dan. Un rock alternativo, oscuro, con un poso de los mejores The Cure y unos tintes electrónicos que dotan su sonido de un carácter particular y muy particular.

Me ha llamado la atención las capas de sonidos y sus letras contestatarias y actuales, que hacen ver como los músicos se mojan y se ven reflejados en el turbio espacio político-social que nos rodea. Lejos del almíbar insustancial y ”aquínopasanada” de muchas bandas. Que hayan propuestas que se mojan, que te dan un puñetazo y dicen como están las cosas, es de agradecer. Vamos en materia.

Su primer corte “1999” es un crescendo que nos habla de como la revolución industrial actual, nos acaba llevando a una vida artificial e inocua, clara muestra de lo que pasa con las redes sociales actualmente, donde nos preocupa más el posar y mostrar nuestra mejor cara alejándonos de los amigos de verdad. Letras crudas pero con un toque crítico muy interesante.

“Nuevo Imperio” nos trae ritmos más animados y bailables, con ecos y guitarras efervescentes y una melodía pegadiza, donde la letra critica el sometimiento del pueblo al poder del estado y a como anhelamos levantarnos y construir una sociedad mejor.

En “Ascensión” encuentro un medio tiempo con un toque retro, donde me evoca a los Cure o unos Echo and the Bunnymen más optimistas, con una letra oscura y cruda, donde nos habla del desazón y melancolía del desamor.

En el cuarto corte encontramos el tema que da título al disco “Cómo hacer una bomba atómica”, un tema directo y pegadizo, con una batería sublime, ecos y coros femeninos y una producción muy cuidada donde nos habla de una química personal que nos lleva a límites insospechados.

“Dios de España” es otro tema de gran calado social, donde critica los males endémicos que nuestro país con una voz quejumbrosa y unos ecos femeninos inspiradores, que te dejan absorto y en un estado de conciencia onírica hasta que el crescendo final te despierta y deja noqueado.

En una “Eterna pregunta” encontramos una canción donde nos habla Uve Martínez de un adiós y las cosas que no se trataron, un alegato vitalista a no dejar las cosas en el tintero, pues nunca sabemos cuando nos puede dejar alguien, con una melodía rápida y vigorosa.

Con “En pie” podríamos aleccionar y usarla como himno en multitud de protestas y manifestaciones. Un eco masivo que bien podría utilizarse para aunar a la izquierda de este país cada vez más atomizada y dispersa. Una mezcolanza de percusión, voces corales, metales y guitarras perfecta y muy inspiradora.

Al llegar a “Comandancia” he encontrado unos toques a una de mis bandas favoritas como son Niños Mutantes y su sonido a medio camino entre Triana, 091, Pavement o The Cure. Una mezcla de sonidos muy lograda y que Peepshow maneja a la perfección.

Los coros femeninos de “Gente normal” nos introducen unas guitarras y una batería rítmicas donde Uve nos habla de las vicisitudes de una banda y lo que es estar en el mundo de la música, donde al final solo queda la persona, una persona normal y corriente. Una crítica muy acertada que nos aleja de estereotipos y clichés.

Cierra el disco “La noche de Varsovia” el corte más largo y evocador del disco. Una joya oscura y densa, que nos cuenta como todo tiene un final, la perdida de algo, cuando todo parece que está perdido tras una larga agonía. Pero que al final se sale y hay un motivo para tirar para adelante. Una metáfora preciosa que se acompaña de un sonido mayúsculo que acaba con un torrente sonoro muy potente.

Es pues de agradecer que bandas como Peepshow se tomen la molestia de dar un golpe sobre la mesa y posicionarse. No es fácil en un mundo donde estamos sujetos al qué dirán, a la crudeza de las opiniones con cada vez menos tacto y la eterna necesidad de agradar. Pero ellos lo han plasmado con mimo y esmero, en un disco muy bien producido y cuidado al detalle. Su sonido parece pensado para el directo, y la oportunidad perfecta será el próximo domingo 27 de enero a las 12:00h. en La Rambleta de Valencia. La entrada es gratuita con invitación. Evento.

Xavi Hernández

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