VIERNES 22
La británica BILLY NOMATES fue la encargada de estrenar este viernes pasado la 14a edición del
festival DELESTE celebrada en los Jardines de Viveros. Tenía el reto de plantar cara a un escenario al
aire libre en una ciudad como València, en plenas fechas primaverales y en un horario tan poco amable
como las 18.45h. El público buscó cobijo en las zonas de sombra para poder disfrutar de esta valiente
“lanera solitaria” que defendió a base de fuerza vocal y desparpajo, la crudeza de su formato sin
músicos y sustentado en bases pregrabadas.
BILLY NOMATES —alias de Victoria Ann “Tor” Maries (nacida en 1990)— se ha convertido en una de las
voces más singulares del post-punk británico contemporáneo, y el origen de su nombre artístico resume
bien su personalidad. “Billy no mates” es una expresión despectiva del argot británico equivalente a “Billy
sin amigos” o “Pringada solitaria”. La historia nació cuando Tor decidió acudir sola a un concierto de
Sleaford Mods y un asistente ebrio se burló de ella llamándola «Billy No Mates» por no tener compañía.
Lejos de rechazar el insulto, Tor adoptó el alias y decidió convertirlo en identidad artística, apropiándose
de esa imagen outsider que hoy define su discurso musical.
Su música mezcla ironía, desencanto generacional y una energía casi doméstica, heredera del spoken
word inglés. Su último disco, “Metalhorse” (2025), amplía su sonido hacia territorios más melódicos y
emocionales. Su actuación ofreció una dosis perfecta de post-punk, minimal wave e indie rock, con
bases electrónicas directas y letras cargadas de una ácida crítica social, con influencias tan dispares
como Iggy Pop, Nick Cave, Captain Beefheart, Brand New Heavys, The War On Drugs, Sonic Youth, The
Stranglers o The Pretenders. Desgranando temas que cabalgan entre la decepción, el inconformismo y
la supervivencia urbana, la artista demostró por qué se ha consolidado como una de las voces más
singulares y auténticas de la escena alternativa internacional.
Después llegó el turno de los canadienses HOLY FUCK. El singular cuarteto de Toronto (formado por
Brian Borcherdt, Graham Walsh, Matt McQuaid y Matt Schulz) planteó un directo que osciló entre lo
lisérgico, lo caótico, y lo hedonista, conjugando instrumentos reales con ‘maquinitas’ para convertir el
recinto en una pista de baile.
Fieles a su reputación de artesanos del ritmo, desplegaron su particular arsenal sónico que amalgama
krautrock, groove acelerado, electrónica analógica y post-rock. Lo que hace verdaderamente especial a
esta formación es su filosofía de trabajo: hacen música electrónica completamente en vivo y sin usar
ordenadores, loops programados ni pistas de respaldo. El grupo, formado en 2004, y que este año
estrenaba el álbum “Event beat”, se caracteriza precisamente por esa manera heterodoxa de entender la
música electrónica. El concierto fue de menos a más, construyendo una densa y magnífica muralla de sonido que atrapó por completo a los asistentes. La banda convirtió sus estructuras obsesivas y sus
crescendos hipnóticos en una experiencia física de texturas bailables, casi tribal, arrastrando al público
hacia un trance colectivo de pura electrónica con músculo humano, riesgo sonoro y una energía
expansiva que preparó el terreno al resto del cartel.
La actuación de los berlineses APPARAT, ya con la noche cerrada, supuso una experiencia más
contemplativa. Un envolvente viaje sonoro cargado de elegancia a cargo del músico y productor alemán
Sascha Ring, artífice de este proyecto, que transportó a los presentes a lo largo de una travesía emocional entre la introspección, el ambient, y el IDM europeo del siglo XXI.
A través de atmósferas densas, casi brumosas, paisajes cinematográficos y ritmos perfectamente trenzados, el músico de Berlín combinó la aparente contención sonora con épica contemporánea. Se
presentó en un formato de cuarteto de multiinstrumentistas que, además del habitual combo de rock,
enriqueció su directo con instrumentos clásicos como la mandolina o el violonchelo.
APPARAT convirtió Viveros en un espacio suspendido entre la melancolía y la abstracción electrónica,
demostrando que en un mundo dominado por la inmediatez todavía hay lugar para la sutileza, la
reflexión auditiva. Una búsqueda constante de emoción más que de un impacto bailable inmediato.
Pudimos disfrutar de la presentación de su nuevo trabajo “Hum of Maybe” en un directo que funcionó
como el puente perfecto de la noche, elevando la intensidad sentimental del festival y dejando claro que
en el Deleste el riesgo artístico y la elegancia siempre encuentran su espacio ideal.
El dúo noruego RÖYKSOPP se encargó de culminar la primera jornada del festival ofreciendo una sesión envolvente y perfectamente medida que mantuvo a los asistentes bailando hasta el final de la noche. La veterana pareja escandinava tomó los mandos de la cabina ofreciendo un set impecable, caracterizado por su habitual sensibilidad melódica y ritmos ensoñadores que desenbocaron en una auténtica catarsis colectiva. Sin duda, dos de los momentos más celebrados fueron la inclusión de la remezcla de “Everything in Its Right Place” de Radiohead en el tramo inicial, y su aclamado éxito “Running To The Sea” justo en la recta final de la actuación.
Texto y fotos: Javier Terrádez



