El pasado viernes tenía dos opciones: una era quedarme en casa para ver el hiperventilado debate televisivo de Iker Jiménez, en una mesa poblada por vetustos militares trasnochados y periodistas carajilleros (no tengo pruebas, pero tampoco dudas…) y así formarme una opinión “neutral” de lo que está pasando en el mundo, o acercarme a disfrutar del bolazo que habían organizado Osadía Ediciones y el Tulsa Café en la sala 16 Toneladas con la presencia de Helen Helen y Las Víctimas Civiles, donde no sólo iba a enterarme, sino que además me divertiría. Imagino que ya sabéis lo que elegí.
A Helen Helen no los había visto nunca y mi conocimiento sobre ellos se limitaba a unas cuantas escuchas en YouTube y Bandcamp, y a las referencias de amigos comunes, pero verlos en directo ha sido otra historia. Su historia puede resumirse así: Honor Witke de Connecticut (EEUU) viene a València, y en Benimaclet conoce a Carlos Montana ‘Monty’ (ex-Chill Addicts), y deciden aliar la voz y la guitarra de ella con la batería de él, para formar un combo con una química y un rollazo impresionante que transmiten en el escenario.
Arrancaron con “L.A.”, una versión de Neil Young, donde ya dejaron patente que mantener un equilibrio entre la contención y la contundencia, entre lo melódico y lo desgarrado, es uno de los sellos de la casa. Después fueron repasando temas de sus dos discos; “ It ain’t perfect (ain’t it perfect?)” de 2023 y su más reciente LP “Burgers and Fries” de finales de 2025 (y editado en formato físico este año), centrándose
sobre todo en este último, el cual siguen presentando. Ambos fueron grabados en directo en Novoestudios de Picassent. Su mezcla entre country, folk, blues, honky-tonk, rock, punk, garaje, noise… no pasa desapercibida, así que puntazo para la conexión Connecticut-Alboraia.
Con “Why r we were here?” y “T9 K2” fueron calentando el ambiente, hasta explotar en “Honky Tonk Rock Star”. Honor no paraba de dar saltos al tiempo que cantaba y tocaba su poderosa Hagstrom, y Monty estaba ahí detrás, marcando el pulso. Comprobando su sinergia escénica, era difícil no recordar al célebre dúo The White Stripes, que con esa minimalista fórmula de guitarra y batería revitalizaron la escena musical de los años 2000. Ese mismo formato sigue hoy muy vivo en nuestro país con las gallegas Bala y con los vascos Niña Coyote Eta Chico Tornado.
Nos fueron adentrando en latitudes sureñas con “ Stickin’ Chicken”, “Pantano” y “Going Back To Carolina”, esta última, cover del cantautor Art Lown. La temperatura siguió subiendo, y Honor y Monty se desprendieron de sus conjuntadas camisas de rayas de colores para seguir dándolo todo. Con la bluesera y melancólica “Slip ‘n’ Slide 2 Hell”, seguida de la más animada “Won’t Feel a Thing”, continuaron desgranando su nuevo trabajo, hasta desembocar en uno de sus temas más recientes, “No Nano Nano”, aún no recogido en ningún álbum.
Remataron con “Eye of Tire” y su éxito “Kiss Me Whysky” haciendo saltar de nuevo a un público merecidamente ganado ya en ese punto de la noche. ¡El rock ‘n’ roll sigue muy vivo con Helen Helen!
Tras una pausa para recomponerse y avituallarse, llegaba el momento de Las Víctimas Civiles, la banda de nuestro bardo de confianza, Héctor Arnau, que junto a Pau Miquel Soler (Arthur Caravan y Jalea Real) son los artífices de este delirante y surrealista artefacto sonoro de “punk-rock carnavalesco”.
Con algún cambio respecto a la formación habitual, aparecieron en el escenario dispuestos a proporcionarnos su experiencia mística. Si existe alguien capaz de conjugar a ETA con Shakira sin inmutarse son sin duda ellos, y fue con la provocadora “Fragmentos de cuerpos humanos” con la que iniciaron su show en València. Después le siguieron la espídica contradicción hecha canción (“Odio el
capitalismo, pero me gusta la Coca-Cola…”) de su “Coca-cola creative commons”, y la descarnada “Turismo en el creciente fértil de la infancia” donde tiran de folclore español para evidenciar una triste y atemporal constante (“Niños muertos, niños muertos y terroristas nuevos…”).
La banda regresaba al 16 Toneladas con su nuevo álbum “Dulce exceso del progreso” bajo el brazo, lanzado en primavera, combinando temas ya conocidos y rodados en directo con otros inéditos. El disco cuenta, por cierto, con un fabuloso artwork a cargo de la artista madrileña Yeyei Gómez (ig: @yeyeigomez).
A la simbolista balada “Negras noches” le siguió “Whisky & Tortilla”, no sin antes un pertinente recordatorio a nuestra desdichada alcaldesa eterna, protagonista de esta crónica de su ocaso. Estrenaron tema nuevo con “La verdadera ciencia del amor”, que en la grabación de estudio incorpora la voz de Soledad Vélez como colaboración. La salmódica y atmosférica “Colón lava más blanco” sonó a plegaria
chamánica, y el sarcástico himno aporafóbico “En el umbral” recobró la tónica humorística de su propuesta musical. El lamento de “Debajo de tu vestido” puso el tono intimista previo a que afrontaran un fin de fiesta más festivo, con la reconciliadora “Demócratas de toda la vida”, la celebrada “Canción Total”
y “Todo el mundo lo canta”.
Llegó el turno de la hipnótica invocación a “Saddam Hussein” evocando el espíritu mancuniano de A Certain Ratio (“Do The Du”), y que aún no está contenida en ningún disco. Antes de abandonar el escenario, nos ofrecieron la profecía post-apocalíptica con el tema “Petróleo”, y como bis y colofón, el autodenominado “primer grupo de música en valenciano que canta en castellano” interpretó la única
canción en valenciano de su repertorio.
Una noche de “miedo ensordecedor y aburrimiento”, hábilmente combatido gracias a su presencia en una sala como el “16T” que ya es casa suya. ¡Siempre víctimas! ¡Siempre civiles!
Texto y fotos: Javier Terrádez



