«Contigo», primer álbum de María Rodés y La Estrella de David


Foto: Sergio Albert

La química es mágica. Que se lo pregunten a Heisenberg. Sus leyes desafían constantemente la lógica de eso que llamamos sentido común, y abren mundos difíciles de explicar, pero absolutamente apasionantes. ¿Y la música? La música es magia. Nadie sabe que tipo de frecuencias mueven nuestras entrañas, y por qué las llevan hasta tales cielos, pero ni la física ni los críticos especializados pueden explicar las razones que rigen y que provocan semejantes caos emocionales. ¿Y qué pasa si mezclas química y música? Ay, amigos. Ay… No esperarán que se lo explique, después de las líneas con las que les hemos introducido este disco. Tan sólo les pongo en antecedentes: Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, Kathleen Brennan y Tom Waits, Marvin Gaye y Tammi Terrell, Isobel Campbell y Mark Lanegan, Jane Birkin y Serge Gainsbourg, Bobbie Gentry y Glen Campbell… Algo parecido ha ocurrido entre Maria Rodés y David Rodríguez. Algo difícil de definir, pero que nos genera la sensación de que en “Contigo”, su primer disco, todo fluye, todo funciona, está en su sitio, equilibrado, emocionante.

Con la importante labor del (permítanme para esta ocasión) carabina, Sergio Pérez (Svper, Pegasvs, Thelematicos), que ha hecho una labor titánica en la producción y que toca casi todos los instrumentos. En los últimos años, Sergio ha destacado por su gran labor como productor. Responsabilidad suya son discos de artistas como Joe Crepúsculo, La Bien Querida, Mujeres, Chucho, Lidia Damunt, Cariño, Papa Topo, Sibyl Vane, Los Punsetes, Cabiria y decenas de discos clave de la última década. Y en el caso que nos ocupa, consigue que las doce canciones de este álbum enlacen de alguna manera los aspectos que más caracterizan las carreras de nuestros protagonistas por separado: sentido del humor, sensibilidad, imaginación, ternura, ironía… No nos hagan decir de cual es cual, porque después de oír el disco, una y otra vez, no lo tenemos claro. Con un aire costumbrista y aspiraciones country. Y con mucha, mucha química. Un disco conceptual sobre una relación que comienza y acaba, pero sobre todo un álbum que se encuentra con la capacidad de hablar de amor y cosas hermosas con una perspectiva honesta, con toques de ironía, sin artificios ni épicas vacías, alejándose de los romanticones y de los atormentados. Tan transparentes que parecen agua en la que quieres nadar toda la vida.

Ya lo mostraron en “Hacer El Amor”, la primera canción que publicaron, que abre aquí el disco a ritmo de bluegrass y que pone sobre la mesa las constantes que van a marcar este álbum: gusto por el detalle, letras llenas de guiños, encandilantes, y una cierta ortodoxia country-folk que va a su propuesta como anillo al dedo: letras sobre armonía y cariño (“Querernos lo justo / Para amarnos siempre / Será pedir mucho / Quizá, no lo sé”), con una media sonrisa, ese toque de sentido del humor que esconde que, en el fondo, esto va muy en serio. O no. “Lo Que Venga Ya Vendrá” descarga el ritmo tex-mex evocando a la mismísima Dolly Parton en voz de la mismísima Rodés: “Después de tantos años de revolotear / He encontrado un nido en el que me quiero quedar”. David le da la vez en el protagonismo vocal con espíritu ranchero, el que destila “Viernes”, con su melancolía y evocación del perdedor, y esas trompetas que emocionarían a los mismísimos CALEXICO. Y qué maravillosa es “Un Mundo Ideal”. Qué bien refleja ese momento de tensión romántica, el que se sabe consciente de amar y de la inconsciencia del que ama. Y qué melodías, y qué urgencia pop. Exquisita.

“Venga Va” es probablemente el culmen de esa magia que avanzábamos en el primer párrafo: un nuevo ejercicio de melancolía que culmina lo que avanzaba “Un Mundo Ideal”, un dueto perfecto en el que cada uno da un pequeño empujón al otro hacia la cima de un tema lleno de inspiración, capaz de hacer de lo costumbrista pura emoción. Esos nervios, propios de amantes bisoños, con el que cualquiera nos podemos identificar irremediablemente. Y entonces lo sueltan: “O lo haces tú o lo hago yo / Lo nuestro es como una canción / Del Festival de Eurovisión”. El sentido del humor, el que redondea un momento mágico, el que ayuda a dosificar el azúcar y hacernos sentir que todo esto es mucho más real.

“Eres” se acerca al soul fifties desde una perspectiva country-folk, en un ejercicio de intimidad de Maria Rodés en el que echa el resto, demostrando la sensibilidad que destila su voz. “Milagro” enciende todas las luces en plena noche de baile: palmas, ritmos tex-mex, y la euforia de la culminación del amor deseado. La celebración, Maria y David al unísono. El incendio.

“Zombi” es “Zombi”. El que fue segundo single de adelanto sólo la podrían haber escrito ellos. La primera percepción de que las cosas que parecen perfectas no lo son para siempre. La aceptación de los defectos. Un estribillo glorioso. Otra vez, emoción y una media sonrisa. Lo habéis vuelto a hacer. “La Última Vez” sigue glorificando los ritmos ternarios y vuelve a poner los sonidos a flor de piel. Qué voz tiene Maria, qué expresividad. Y comienza la distancia, el alejamiento, por amor y por desamor. “Ahora que tu cuerpo es un extraño / Que ya no me atrevo ni a tocar / Ahora echo de menos el misterio / De esos grandes ojos negros / Que me querían mirar”.

“Fantasmas” comienza cabalgando, huyendo. La desazón, el dolor, el despecho, la sensación de no poder volver a amar, y la convicción de que después debe llegar la reconstrucción. Ella sabe que va a ser fuerte. Un tema que se descuelga con ecos mediterráneos y aires de spaghetti western, conectando músicas a dos lados del océano (eso es lo que hacía Morricone, ¿no?). Después le toca a él: “Lo Que Yo Quería”. David, apasionado y calmado. Asumir los errores, entender que las elecciones tomadas fueron las equivocadas, y que todas ellas llevaban inevitablemente a la ruptura.

Y al igual que en muchas de las canciones nos encontramos una media sonrisa, esa que igual que edulcora añade limón, esta es la canción que guiña el ojo a todas las demás. “Nos Vamos A Divorciar”: la liberación, la ironía de mirar atrás y pensar en lo que hemos llegado a sentir por una persona que ya no significa nada, que no queremos tener cerca. Y al final, reconocer la idiosincrasia del ser humano: “Me volveré a enamorar”. La historia que nunca termina, el eterno retorno. Y el pedal steel que nos evoca a nuestros protagonistas alejándose por el horizonte, buscando la siguiente historia que vivir.

“Contigo” es, ni más ni menos, el producto de dos de los nombres propios más identificativos y personales de la escena independiente española, en el que ambos, unidos, potencian y hacen brillar las virtudes del otro, en el que se muestran como son, como músicos, como contadores de historias, como creadores. Donde las sumas no cuadran, donde uno + uno da como resultado una incógnita irresoluble. Porque, ¿acaso no sabían que las matemáticas son también magia?

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.