Crónica de conciertos: Mystic Braves. Loco Club, Valencia – 22-05-2022


Hay algunas sonoridades que parecen perdurar a lo largo del tiempo, suenan a un tiempo pasado donde quizá todo parecía más sencillo y auténtico, y tal vez por eso las escuchamos con cierta nostalgia aunque provengan de un tiempo y un lugar que jamás conocimos (al menos en mi caso), pero siguen agitándonos por dentro, siguen ganando adeptos y siguen haciéndonos bailar como si no hubiese un mañana. Mystic Braves suenan a todo eso, nos retrotraen a la California de los 60’ a través de un brebaje sonoro con ingredientes garajeros, psicodélicos e incluso surferos, al menos hasta ahora, porque su último lanzamiento “Pacific Afterglow”, publicado a finales de Enero 2022, ha virado hacia un sonido más refinado donde emergen bases más funk y melodías más cósmicas a cargo de los sintetizadores, eso sí, su esencia y buen hacer sigue estando ahí.

Precisamente “Pacific Alfterglow” fue el álbum que estuvieron presentando en la sala Loco Club de Valencia el pasado domingo 22 de mayo, un concierto que además ponía punto y final a la gira europea que han estado realizando a lo largo de todo este mes de mayo. Muchos de los allí presentes repetíamos lugar y banda, y es que la última vez que los Mystic Braves visitaron Valencia lo hicieron también en el Loco Club en 2019, un concierto que había quedado registrado en nuestras mentes por el gran sonido que tiene esta banda en directo; ya entonces dejaron un listón alto y para la presente ocasión nuestras expectativas también eran altas y con ganas de ver cómo sonaba el nuevo material en directo.

La banda de Los Ángeles irrumpió en el escenario con dos nuevas incorporaciones: dos voces femeninas perfectamente armonizadas con la voz de Julian Ducatenzeiler, arropando los temas con unas texturas más suaves y cálidas, y con algunos giros vocales más propios del r’n’b y el soul. “Never went away” y “Sundown”, prácticamente encadenados, fueron los temas encargados de inaugurar la noche, haciendo así acto de presencia las nuevas sonoridades del último disco, dos medios tiempos con una sensualidad latente que no abandonaría el concierto en toda la noche y que ya incitaban al contoneo. Destacando además como contrapunto a las guitarras, las melodías sintéticas de los teclados que invitaban a viajar por el espacio-tiempo hasta encontrarse en mitad de los años 70’. Con “Desert Island” rescataron uno de los clásicos del álbum de 2014 al que da nombre este mismo tema, para luego hacer un alto en el camino en su álbum de 2018 con “The great unknow” y “Under Control”, con unas melodías de pop luminoso.

El concierto siguió revisitando algunos de los singles que lanzaron en estos
últimos dos años, donde muchos ya reparamos en el carismático bajista y en la magistral manera en la que iba marcando el ritmo intensamente, llamando además la atención la camiseta vintage que lucía con el logotipo de la marca de papel de fumar alcoyana Bambú, fundada a principios del siglo XX (nos quedamos con la duda de si fue un pequeño guiño a estas tierras o pura casualidad). Nueva parada en “Pacific Afterglow” con los temas “Lonely heart”, “Changing my colors” y “Hanging on”, en éste último además haciendo un pequeño homenaje a la capital de la terreta al modificar la letra para cantar un “Valencia hanging on!”. Sin duda, la audiencia estaba disfrutando del enorme talento que tienen los Mystic Braves en directo, pero es que poco a poco el ambiente se fue impregnando cada vez más del hedonismo sonoro, el ritmo y la sensualidad que desprende esta banda en vivo.

Si con “Nobody trips like I do”, toda una oda a la lisergia, nos dejamos llevar por esas guitarras y el reverb, cuando encararon el último tema ,“Sea Urchin”, single publicado en 2020, la locura se desató en forma de baile desenfrenado, con un magnífico desarrollo en el que los coros y sintetizadores le otorgaron ciertos aires épicos, el tramo final de este tema fue apoteósico: ¡qué guitarras! ¡qué ritmo! ¡y los coros! todo parecía formar parte de un ritual in crescendo donde era imposible no dejar de bailar, ¡y sudar! porque allí muchos fuimos los que tuvimos que dejar ombligos al descubierto para abanicarnos con la parte inferior de la camiseta.

Mystic Braves se despidieron, pero allí todo el mundo quería más, así que volvieron a salir para deleitarnos con 3 bises, donde los ánimos del público siguieron en su punto álgido para seguir bailando otro de sus grandes clásicos, “Bright blue daze haze”, con los teclados protagonizando ese tipo de sonoridad tan sixties, y con un final que se alargó con un sonido absolutamente acelerado y embriagador. Poniendo el broche final a los bises, llegó el magnetismo de dos temas de su primer álbum: “Please let me know” y “Docweiler” se encadenaron tal y como aparecen en el disco, envolviéndonos a todos en una atmósfera tan sensual como hipnótica, invitando a nuestros cuerpos a seguir el ritmo de la música como si nada más existiese. Los músicos abandonaron el escenario, y allí nos quedamos pidiendo más bambú, pero nada, la magia del fin de semana y la psicodelia se diluían con el final del concierto, pero oye, ¡qué maravilla cerrar un domingo noche con los Mystic Braves trayéndonos el brillo del Pacífico!

Texto y fotos: Patricia Alambiaga

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