Crónica de conciertos: Deadletter – 16 Toneladas, Valencia – 15/04/2026


Que la introducción de tu concierto sea el mítico tema «The Ecstasy of Gold» del genio Morricone habla de tu ambición como artista. Es una declaración de intenciones: o estás a la altura de esa épica cinematográfica o el listón te acaba golpeando en la frente. Bajo esta premisa salieron al escenario los seis componentes de la banda Deadletter a afrontar su actuación en València, en la sala 16 Toneladas,
dentro de la gira de presentación de su reciente trabajo «Existence is Bliss» (So Records, 2026) tras su paso por Bilbao, Vigo, Cádiz y Madrid. Entre el público, varias generaciones congregadas entre los 20 y los 50 años, todo un mérito para un grupo relativamente reciente y que nos habla del interés que suscitan. La mayoría era autóctono aunque por los acentos también se podía adivinar la presencia de algún paisano británico.

La noche arrancó con los compases enigmáticos de «Purity I». El vocalista, Zac Lawrence, nos sumerge en una atmósfera densa, en un tema que habla de la necesidad de romper con un sistema que te mantiene alienado, para volver a una especie de “pureza” esencial. Para demostrar su intención de conectar con el público, baja del escenario a la pista para seguir cantando y fundirse con sus fieles. En «To The Brim» abordan la frustración de no tener nada auténtico que decir y, aun así, sentir una presión enorme por expresarse. Para este tema Zac Lawrence agarra la guitarra acústica, y el sonido del saxo comienza a planear por la sala, avisando del protagonismo que irá tomando durante la noche. Vuelven a su primer disco con «Mere Mortal», con ecos melódicos y rítmicos de Franz Ferdinand y Arctic Monkeys pero con su oscuro y frenético sello personal. El estribillo (“What’s a mere mortal to do?”) lo resume todo: ¿qué puede hacer alguien corriente frente a esa carga emocional y existencial? Nosotros, de momento, seguir bailando y disfrutando agradecidos de su música ante un Zac que pronuncia un escueto «Grasias Valensia«. Continúan avanzando por ese oscuro túnel con una luz al fondo que es su último disco, con «He, Himself, and Him» entre lo ‘spoken’ y lo cantado.

El cantante pide al público «More Heat!» ante un ya caldeado ambiente, un guiño para preceder al tema que habla sobre la necesidad de buscar placer y más intensidad, aunque te esté destruyendo. En «Bygones» critica la tendencia social de idealizar a alguien cuando muere de manera hipócrita, aunque no lo merezca, y con «(Back to) the Scene of the Crime» el saxofón de Nathan Pigott vuelve a ser clave, donde se trata, en esencia, de volver a un lugar del pasado donde ocurrió algo traumático y comprobar que ese dolor sigue vivo.

El magnetismo de su frontman no pasa por alto, juega por momentos a combinar el hieratismo chulesco de Liam Gallagher con la explosividad y los bailes espasmódicos y epilépticos de Iggy Pop o Ian Curtis. Elegancia y sensualidad siempre al borde del precipicio como demuestran en canciones como «Songless Bird». En un momento dado, Zac vuelve a bajar a cantar a la pista, y al subir al escenario arranca el primer gran pogo (que por supuesto, no fue el único). Tras éste, pide al público una respuesta primaria en forma de grito para hacerse sentir. A estas alturas la entrega total al baile resulta ya inevitable. Zac es consciente de ello, y rocía al público de primeras filas con agua de una de sus botellas. Antes de «Fit For Work», pide la colaboración para corearla. Esta explosiva y rítmica canción critica la crueldad burocrática del sistema. Más crítica política encontramos en «Deus Ex Machina», que musicalmente oscila de manera magistral entre la contención y la explosividad con ese groove oscuro, bailable y vehemente que ya es marca de la casa.

El sexteto originario de Yorkshire es un artefacto sonoro de revival post-punk que recoge la tradición de grupos como Gang of Four, The Fall, Joy Division o The Wire, sumando el legado de continuadores como The Rapture, que lo hicieron más bailable, incluso el de propuestas más electrónicas como LCD Soundsystem, la introspección de Interpol, Editors y White Lies, y con la cruda urgencia urbana de Idles o Fontaines D.C.

Paranoia y el miedo en una distopía tecnológica cotidiana en «Among Us», o mordacidad y humor negro ante una escena política decadente en «It Flies». Con «Frosted Glass» se despiden y abandonan el escenario. Pero el público sabía que aquello no era el final y tras unos minutos, la banda regresa a tomar sus puestos para llevar a cabo unos potentes bises con el incontestable «Binge», bailado, celebrado y coreado a partes iguales. Con «Hero» y «Cheers!» ponen broche a una memorable actuación que vuelven a agradecer a la concurrencia.

Veredicto: Deadletter ya no es una «banda revelación». Lo que vimos en la 16 Toneladas fue a un grupo en su estado de gracia, sólido y hambriento, justo antes de dar el gran salto a recintos mayores. No podemos hacer otra cosa que desearles mucho éxito en el final de su gira española, donde podremos disfrutarlos en Zaragoza y Barcelona. También los tendremos en Murcia en el festival «Warm Up» que está a la vuelta de la esquina, y este verano en el FIB.

Texto y fotos: Javier Terrádez

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