Crónica de conciertos: El Último de la Fila – Estadio Ciutat de Valencia, Valencia – 04/07/2026


LA TREGUA QUE NOS DA LA ANESTESIA DEL RECUERDO

Este julio hemos sido los afortunados para presenciar el fin de gira de El Último de la Fila en València, a 30 años de su disolución. A pesar de que siempre se han mantenido en sus trece de no querer ‘rebañar el plato’ ni ‘mancillar el pasado’, al parecer la retrospectiva de la veteranía, la amistad y las ganas de pasárselo bien les han devuelto a desbrozar aquel largo camino que una vez andaron.

Por el nombre de la banda uno puede pensar que El Último de la Fila es otro grupo verbenero más de nombre chusco salido de la ‘Movida’, que ha permanecido en la memoria por algún que otro hit hiper radiado –Insurrección podría ser la ‘Yesterday’ española de tanto que la han versionado, afrentando en casi todos los intentos su magia original- pero nada más lejos de la realidad. Alejados de la cosmopaleta performatividad anglófila que impregnaba buena parte del panorama artístico-musical hispano en la primera década de la democracia, Manolo García y Quimi Portet armaron un proyecto totalmente único. Sin dejar de comprender a la perfección la modernidad de los Clash, los Cure o los Smiths, la pulsión cañí de Manolo hizo refulgir la tradición folclórica de la música popular ibérica. Sus textos y arreglos, siendo modernos, estaban bañados por el eco del flamenco, la rumba moruna y la copla más añeja, pero embellecidos en un actualizado universo lírico preciosista verdaderamente evocador, sin dejar de ser a ratos divertido y absurdo.

No crearon escuela porque en su autenticidad eran inimitables, pero sí que mantuvieron viva de forma única las tendencias locales en el formato de banda ‘pop-rock’ en medio de la inundación anglosajona, tendencias que habían quedado casi exclusivamente para las folclóricas y flamenquitos.

El primero de los conciertos fue arrollador, con un público totalmente entregado que hacía suyas las canciones, gritándolas y danzándolas desde la pista hasta la grada más alta como si, probablemente, fuera a ser la primera y última vez que tuvieran la oportunidad de verlos. Desde sus primeras joyas de sonido new wave mestizo como Huesos, Querida Milagros, Soy un Accidente o No Me Acostumbro hasta sus grandes himnos vitales, las ‘power ballads’ Canta por mí, Lápiz y tinta o Llanto de pasión, los asistentes estaban en total comunión devocionando unas canciones brillantes que en todo momento eran protagónicas.

Temas reverenciados por desmarcarse del saturado hedonismo urbano para enarbolar un elemento peculiar, como es la nostalgia y puesta en valor de lo rural, lo bucólico, el contacto con la tierra trabajada con las manos y la naturaleza. Las veredas de los ríos, las cuevas en los montes, tristes reptiles, burros amarrados, grises olivares…la ‘España vaciada’ cantada en los estadios de las grandes ciudades. Esa España de pueblo en la que todos tenemos puesto un pie aunque sea una vez al año. Canciones que huelen a pinar y tierra mojada, que nos recuerdan que no debemos perder de vista ese mundo que sigue ahí y debemos cuidar, y que nos insuflan vida para continuar batallando en la jungla de asfalto -y pantallas-.

En definitiva, esta gira de reencuentro y estos conciertos son ya Historia de España para quien los ha vivido y un regalo en especial para aquellos, como yo, que no lo vivieron en su momento pero sí han tarareado su discografía de camino a la Sierra del Segura, al término de ese verano fugaz que ya se nos va.

Texto: Nowhere Boy
Fotos Nowhere Boy y Sebas Gil

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