Crónica de conciertos: Dorian. Sala Moon, Valencia. 15-12-2018


Dorian presentó su último álbum “Justicia Universal” con el cartel de completo en la sala Moon, las entradas se habían vendido hace meses, gracias al trabajo de AndSons Producciones. Y es que el grupo venía ya muy rodado después de una extensa gira de presentación así como numerosos festivales donde son una apuesta segura. Las canciones de su último disco no desentonan en su propio repertorio, si bien se han decantado más hacia un pop electrónico, parecen creadas para ser interpretadas en directo. Dorian salió directamente a defender su álbum, cosa que muchos grupos mainstream se limitan a tocar en directo los sencillos de su último disco y poco más, echando mano del baúl de los recuerdos. No es el caso de esta noche con Dorian, pocas fueron las canciones de “Justicia Universal” que se quedaron en el tintero. Además como se ha dicho, no desentonan para nada de su propio repertorio y menos de su último álbum en directo en el Arenal de Burriana.

Su puesta en escena con una Belly completamente maravillosa con un vestido impresionante, destacando dos puntos de apoyo donde el grupo rescataba los teclados portátiles, toda una referencia a los 80. En algunas de sus letras aparecen referencias veladas sobre esa época (“Escuela de calor” de Radio Futura y “Esa luz no se apagará” de The Smiths) con una máquina muy engrasada. Marc deleitó al público cuando le tocó el turno a sus grandes himnos. Además decir que “Justicia Universal” está pensada para ser tocada en directo donde se observa su enorme potencial. De ahí “Algunos amigos” y “Señales” serán candidatas a convertirse en nuevos himnos del grupo.

Su último álbum se inclina por sonidos electrónicos pero sin llegar a dotarse de piezas totalmente bailables, es el hándicap del grupo. En algunas canciones lo intentaron como en “Hasta que caiga el sol”, sin buenos resultados. Por lo demás una sabia combinación entre los éxitos e himnos antiguos del grupo y el nuevo material. Además como marca de la casa acabaron con una traca por la que muchos grupos locales matarían, “A cualquier otra parte”, “La mañana herida” y cómo no su mayor y mejor canción “La tormenta de arena“ en una versión extendida, que convirtió la sala en una catarsis colectiva.

Y es que Dorian tiene una vida muy larga y sabe cómo ganarse al respetable. Con dos tarimas para poder hacer los bis de rigor y unos teclados portátiles, lo más parecido a los 80 del grupo. Por lo demás se despidieron con otra joya, “Los amigos que perdí”, y “Tristeza” casi en formato acústico acompañada de un xilófono sintetizado a cargo de Belly, lo mejor de la velada. Dorian es para su generación lo equivalente a lo que fue en los 80 Alaska o Mecano y en los 90 Los Planetas. Esta generación tiene a Dorian y podemos asegurar que con el nuevo álbum se nutrirá de nuevos himnos para futuros conciertos. Una noche inolvidable.

Texto: Carlos Climen / Fotos: Rocío Bellús

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